Por: Katia D´ Artigues
El Universal
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11 de enero de 2009
A José Luís Cruz Viveros nadie le ha regalado nada
A los nueve años le detectaron artritis reumatoide juvenil, pero esto no impidió que terminara la carrera de Medicina
A José Luis Cruz Viveros nadie le ha regalado nada. Después de dos intentos fallidos por aprobar su examen para ingresar a una especialidad médica, lo logró. No sólo lo aprobó, sino que lo hizo en buen lugar para obtener un puesto como residente en Radiología e Imagen: el lugar 70 de 270 luego de que mil médicos querían la plaza.
Pero en cualquier hospital al que llegó a solicitar el lugar que tenía derecho, la respuesta fue casi igual: que buscara en otro lado.
El caso que más le dolió, dice, fue en el hospital de Pemex, donde ni siquiera fingieron recibir sus papeles. Simplemente, al verlo, le dijeron que se fuera a otro lugar. Ya lo habían rechazado antes del Hospital Español e incluso del ISSSTE, donde sí recibieron sus papeles pero no le dieron el lugar pese a estar mejor calificado que otros.
Entonces, en la segunda ronda, la Secretaría de Salud lo asignó al Hospital General de León, Guanajuato. Al llegar, el resultado fue el mismo: le negaron la plaza a la que tenía derecho y regresó a su natal Hidalgo.
Ahora Cruz Viveros, médico general, trabaja en una clínica del Seguro Popular en Tlahuelilpan, Hidalgo, y está por hacer su segundo intento por tener una especialización.
La discriminación que vive es porque tiene artritis reumatoide juvenil, una enfermedad que le detectaron como tal desde los nueve años y que aún así no ha impedido que este joven de 30 años terminara su carrera —con internado y servicio social— y aún busque ser un especialista.
Cruz (nacido el 14 de enero de 1978) es el segundo de cuatro hermanos: Gerardo, él, Guadalupe y Viridiana. Nació en Tetepango, Hidalgo, un pueblo cerca de Tula, donde su padre es empleado de Luz y Fuerza del Centro.
“Empecé a estar enfermo a los cuatro años. Me la pasaba en hospitales y me gustó el ambiente… ya no como paciente, claro. Fue hasta los nueve, después de un periodo de remisión, en el que desaparecen los síntomas, que me detectaron la enfermedad. Afecta a las articulaciones. Empieza a provocar inflamación, desgaste, dolor. Es crónica y se considera degenerativa porque va avanzando y limitando las funciones del aparato locomotor: músculos y huesos”.
Hace 21 años, la artritis en niños era considerada algo poco común. Él fue uno de los primeros pacientes en ser atendido en el Centro Médico La Raza. Estaba en sexto de primaria, año que perdió, igual que el siguiente… pero luego se recuperó. Simplemente, cuando se recuperaba, regresaba a la escuela.
Su familia siempre lo ha apoyado. Sobre todo para que no se tenga ni le tengan conmiseración, y lo han alentado a salir adelante.
“A mí tampoco me gusta estar sentado sin hacer nada. Siempre he dicho que voy a hacer las cosas a ver si puedo, y si no puedo, lo intenté. No me quedo con hubieras”.
Lleva 14 cirugías entre caderas y rodillas. Cuando decidió estudiar Medicina, o intentarlo, fue su misma doctora la que lo desalentó en principio. Ahora es una de sus mayores promotoras.
Aunque con algunos descansos por cirugías y periodos difíciles que incluso lo orillaron a ir a clases en silla de ruedas en el último semestre, terminó su carrera de médico. Muchas veces sus compañeros de Medicina lo apoyaron y defendieron.
“A veces me llevaban cargando para que no llegara tarde. O me pasaban apuntes y ayudaban a estudiar. Los maestros lo único que me dijeron fue: si pasas y demuestras que sabes, no tengo por qué reprobarte”.
Terminó la carrera en 2001 con un promedio de 8.21. El siguiente paso era, como todos, hacer un internado durante un año. El doctor Martínez, director del Hospital General de Tula, lo vio entrar en silla de ruedas y le preguntó: “¿Y sí vas a poder atender pacientes?”. Él no estaba seguro de lograrlo, pero pidió que lo dejaran intentarlo.
“Me fue bien”, recuerda. “Los médicos se quedaron con buena impresión de mí. La primera impresión para todos los que no nos conocen es que no puedes. Pero sí puedes. Si no nos dan la oportunidad, no vamos a poder”.
Luego siguió con los requisitos: un año de servicio social en un centro de salud en Tlaxcoapan, Hidalgo. Aunque constantemente le decían a su madre que ya no lo “llevara”, él continuó y terminó.
El siguiente paso era la especialidad. Después de un descanso por otra operación terminando el servicio social, presentó su examen en 2005 y 2006, pero no pasó. Lo repitió en 2007, justo cuando se pospuso por el escándalo de la venta de exámenes. Y lo aceptaron. Aplicó para Radiología e Imagen. Terminó en el lugar 70 de 270.
Se decidió por esa especialidad, aunque aspiraba a Medicina Interna porque reconoce que es una profesión que le permitiría seguir ejerciendo aun si su discapacidad avanzara.
“El sistema de enseñanza en México es de ‘a ver quién puede más’ que demostrar que sabes. Es más de resistencia. Después del rechazo se me bajó la moral, pensé que igual tenían razón”.
Se regresó a Hidalgo. Fue un compañero, Felipe Hernández Narváez, quien lo convenció de que aplicara de nuevo para otra especialidad. Y que lo hicieran juntos. Ya presentaron el examen. José Luis fue aceptado y tiene el lugar cinco de 170. La especialidad se llama Medicina Integrada y la comenzará en marzo en Pachuca.
“Ahorita estoy llenando los papeles y todo. ¡Ya no me estoy presentado a los hospitales!”, dice riendo. Confía en que esta vez será la definitiva. Está optimista porque ya lo conocen algunos médicos. También ha hablado con sus compañeros para que lo apoyen ayudándolo a movilizarse dentro de esa ciudad en caso necesario. Aunque él maneja y tiene su propio auto.
Fuera de los retos que presenta vivir con una discapacidad —aunque él hasta hace poco no se consideraba una persona que la tuviera—, tiene la vida de cualquier joven de su edad.
Ahorita no tiene una novia; estaba saliendo con una enfermera que se acaba de ir a vivir a Querétaro. Quiere casarse y tener una familia.
“Un paso a la vez. Así me la he llevado. Nunca me ha gustado planear las cosas muy a futuro, sino hacerlas conforme se van dando. No había pensando en estudiar una carrera universitaria, pero al terminar la prepa dije por qué no… Lo único que visualicé a futuro fue verme como especialista y fue lo primero que se me dificultó.
“Un pasito a la vez. No digo que no: a veces sí tenemos limitaciones, pero hay que descubrirlas sobre el camino. Que nos den la oportunidad de descubrirlas. Quizá llegará un momento en el que esté más limitado y no podré hacer determinadas actividades, pero mientras llega eso, hay que seguir para adelante. Puede ser en este año, en cinco, en 10… Siempre contesto: dénme chance, por lo menos. Déjenme hacerlo y yo dec
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